¿Quienes somos?
Somos María y Antonio, nos conocimos hace ya un tiempo y juntos hemos creado el universo Divine et Belle, esta marca de belleza que quiere acercar a tu hogar una metodología de trabajar y cuidar la piel de los mejores centros de estética del mundo, de una manera rápida, sencilla y cómoda, pero sobre todo eficaz. Un tratamiento que te notarán tus amigas que te lo has hecho.
Antonio
Desde hace más de diecisiete años he formado parte de la empresa de mi familia, un laboratorio cosmético fundado por mi madre hace ya más de tres décadas. Crecí entre fórmulas, texturas y conversaciones que hablaban de piel, de cuidado y de respeto por cada tratamiento.
Para mí, la cosmética nunca fue solo una profesión: es una herencia, una forma de entender el tiempo, la dedicación y el compromiso. Forma parte de quien soy; la llevo en la sangre y me acompaña en cada decisión que tomo.
En mi día a día, al visitar algunos de los centros de belleza más exclusivos de España y dialogando con sus gerentes, emergía una realidad silenciosa pero constante: citas canceladas, tratamientos interrumpidos, clientes que no llegaban a disfrutar de la experiencia reservada para ellas.
El motivo, casi siempre, era el mismo: la falta de tiempo. Un lujo cada vez más escaso.
Escuchar esta situación de forma recurrente me llevó a formular una pregunta esencial, casi íntima: ¿cómo transformar el cuidado de la piel en un ritual que no dependa del tiempo, que se adapte a él?
María
Cuando conocí a Antonio, hubo algo que me marcó desde el principio: su profundo conocimiento del mundo de la estética profesional. Sentí que hablaba desde la experiencia, desde el respeto por la piel y por todo lo que implica cuidarla de verdad.
Para mí, el cuidado de la piel siempre ha sido algo muy importante. No solo por estética, sino por cómo me hace sentir: más segura, más serena, más yo. Me gusta cuidarme, y también me gusta que se note, que mi piel refleje ese cuidado. Antonio solía decírmelo con una sonrisa: “Divina y Bella”.
De forma natural, empezó a invitarme a probar distintos productos. Algunos pensados para el cuidado en casa; otros, propios de la cabina estética. Yo los utilizaba a mi manera y los resultados eran buenos, pero un día se sentó conmigo y me explicó algo que lo cambió todo.
Me mostró que, con apenas un par de ajustes —a veces solo modificando el orden o la forma de aplicación—, mi rutina facial podía transformarse por completo. Los resultados no solo se intensificaban, sino que se hacían visibles mucho antes.
Así, casi sin darnos cuenta, nació Divine et Belle.